lunes, 18 de abril de 2016

Hipersensibilidad



Debe ser frustrante para el camarógrafo no captar las imágenes en su lente tal como las ve; entonces las filtra, las vulgariza.

La misma frustración debe sentir el poeta al no encontrar la palabra exacta que exprese ese sentimiento que le desgarra las vísceras, entonces recurre a la alegoría o a la metáfora; y eso lo sensibiliza.

Pero no hay mayor frustración que una madre que quiere echar el tiempo para atrás, aunque sea una hora, lo suficiente como para torcer el destino. Y no habrá filtro, ni artimaña, ni alegorías que le traigan de vuelta lo perdido. Entonces vivirá con esa pesadilla recurrente, con ese sentimiento de culpa, con esa realidad que a veces le jugará malas pasadas y otras tantas le hará llorar sin siquiera notarlo. Y yo que a veces paso por hipersensible: ¡eso me atormenta!

sábado, 19 de marzo de 2016

Reminiscencia coriana


Mi abuela, famosa por su memoria, por sus evocaciones; sabía los nombres y apellidos de cada uno de sus dos decenas de nietos. En mi caso, el único de ellos con tres nombres, también recordaba con exactitud la anécdota por la cual yo tenía que cargar con ese incomodo exceso de identidad. Y es que no solo sabía el primer y segundo nombre de cada uno de nosotros, sino además la fecha de nacimiento, si había llovido o no ese día, si naciste en el Antonio Smith o en el Alfredo Van Grieken, si fue fin de semana o era de madrugada, si eras llorón o voraz.

Y hoy 19 de marzo, día de San José, la recuerdo más que otros días, porque solía felicitarme por mi onomástico. Y una vez más el cuento salía a relucir: “joseito, tu nombre iba a ser José Gregorio, como el doctor, pero tu papá de camino a la prefectura donde iba a presentarte, cambió de planes, o al menos los alteró y, al final quedaste con el Manuel arremangado, al igual que él, y que tu hermano mayor”.

La memoria de mi abuela era motivo de orgullo para nosotros cuando éramos pequeños, aunque más de una vez puso a una de las nietas en comprometida situación, porque le contaba al novio de turno detalles que la doncella prefería dejar en omisión.

Pero pasó el tiempo y nos fuimos distanciando unos de los otros y todos de la abuela. Ella comenzó a encerrarse más y más en su imaginación. Paulatinamente, sus incansables ganas de conversar fueron mermando aunque nadie le dio importancia. Recién había llegado a los barrios de Coro la señal de televisión por cable y con ello excusas para compartir menos con quienes estaban a tu alrededor.

Se sentaba en la sala todas las mañanas a ver televisión. Veía siempre la misma programación, Hallmark, y a menudo las mismas películas repetidas, sin dar señas de aburrimiento. Los indicios eran otros, a los cuales nunca les prestamos la debida atención. Pensábamos que le gustaban tanto esas películas que no se cansaba de verlas. Diez años después, cuando todo es tan evidente, caigo en cuenta de lo descuidados que fuimos con su alzheimer.

Los cambios de estado de ánimos se los achacábamos a la edad o al calor. Entonces le dio por rayar las paredes, con lápiz de grafito. Escribía nombres y apellidos en letra corrida. Comenzó haciéndolo en su cuarto, y después pasó a hacerlo en el exterior. No había manera de convencerla a que dejara de hacerlo. Ella estaba enfrascada en su propia lucha con “el alemán”.

Para esos tiempos yo me había mudado a trabajar en Oriente. Iba a Coro par de veces al año y mi abuela me recibía con emoción.

Hace cinco años que emigré y he tratado de explicárselo desde entonces. Visito a mi abuela a lo sumo una o dos veces al año. Ella de buenas a primera no sabe quién soy. Mi mamá le da detalles, mi tío le da pistas, entonces sonríe y dice: “Joseito, cuándo llegaste de oriente”. A los cinco minutos se resetea la función.

Hoy es 19 de marzo y hay alguien que, aunque ya no recuerde más que cosas puntuales, dejó grabado el onomástico en mi imaginación.

viernes, 19 de febrero de 2016

Medidas a media




Que hay muchísimos carros en la cola de las estaciones de gasolina para llenar el tanque antes de que aumente.

Que hay quienes comparan estas "medidas de Maduro" con las de CAP y esperan el mismo estallido social.

Que hay quienes piensan que ahora si vamos a comenzar a salir de la crisis.

Que hay quien está más pendiente de que va a ser de su "cupo cadivi", que de la economía en los meses por venir.

Que hay quien piensa que porque capturaron 3, 15, 48... miserables pelagatos corruptos de los Abastos Bicentenario, ahora si se va a acabar la escasez y el desabastecimiento.

Que hay quien se une a la campaña contra la Polar, con el argumento de que la cerveza se consigue en cualquier pueblo y la harina PAN no.

Que van a volver a poner el huso horario de Venezuela igual a como estuvo siempre.

Que en Venezuela, un país donde pasan cosas a diario, increíbles para el resto del mundo; haya gente que dice que todo está normal y remata diciendo que: "somos el país más feliz del mundo".



A esa gente uno no haya que decirle sino contar hasta 10:



1.- Llenar el tanque con gasolina 91 octanos me costaba 2bs, sin embargo, cuando no tenía más sencillo pagaba con un billete de 20 y le decía al bombero que se quedara con el vuelto.

2.- El nuevo precio de la gasolina 91 octanos sigue siendo muy rentable para los contrabandistas. La relación con el precio de la gasolina en Colombia es de 600=1.

3.- Un cafecito guayoyo de esos que venden nuestras "misses" de carretera, cuesta 40 bs, o sea, lo que pagas por 40 litros de gasolina.

4.- El dólar oficial lo suben de 6,30 a 10. Un año se les fue haciendo reuniones y creando motores; muchísimo ruido, para venir con estos pañitos de agua tibia que no son medidas sino más de lo mismo, más discurso que acciones.

5.- Las medidas de CAP que provocaron un estallido social no eran un pañito de agua tibia. Así que no esperen un estallido porque a la gente le subieron la gasolina de 0.07 a 1 bolívar. Un bolívar es nada, menos que nada.

6.- Meten presos a unos cuantos corruptos de la red de distribución de comida, pero ya otros patriotas cooperantes se están frotando las manos con lo que será la nueva designación. Seguirán zamuros cuidando carne. Enroque de Ministros, enroque de ladrones.

7.- La cerveza no se vende a precio regulado, lo que da un margen de ganancia. La harina PAN se vende por debajo del costo, lo que da pérdida. Quizá esa sea la razón.

8.- Vamos media hora para atrás. Las gallinas seguirán recogiéndose a la misma hora, cuando se meta el sol. El gallo no es que va a cantar media hora más temprano, no; no es tan así.

9.- Que hay de todo, pero no hay nada.

10.- No queda más que contar hasta 10.



P.D. La señora María, que nunca tuvo oportunidad de estudiar; por allá por el 2010, con la bonanza petrolera en pleno auge, predecía la crisis que estamos viviendo un lustro después. Su razón era simple: la gente en el campo está dejando de sembrar.

sábado, 6 de febrero de 2016

Cuentos de Mapegadaro


Que durante la adolescencia tengas como entretenimiento dominical montarte en una mapegadaro a dar vueltas por la ciudad tiene que ser cosa de perdedores. ¿Quién va a despediciar un domingo de esa manera?, ¡quien sino yo!

Eran otros tiempos aunque Coro pareciera que no ha cambiado mucho desde entonces. Finales de los 80´s. Internet era un beta, el atari no se daba abasto para tanta gente, Magallanes era un “foul” a la malla y aun no me había enviciado con los caballos. En cambio, los paseos en la camionetica estaban a la mano, literalmente a la vuelta de la esquina. El pasaje salía gratis porque el conductor ̶̶̶ un maracucho bigotudo al que le pisaba la pata ̶̶̶ , solo ponía como condición que le ayudara a lavar “la burra” al terminar la jornada y que nunca me sentara en el puesto del copiloto.

Era un personaje de esos que se autoproclaman ganador, “a lucky guy”, pues. El protagonista de la película, optimista, competitivo, bromista, malicioso y picaflor; que andaba a otras revoluciones comparado con la parsimonia de mis paisanos y, sabía sacar buen provecho de ello. Solía decir con convicción que sus pobres colegas, corianos todos, no es que eran lentos sino que estaban recalentados, porque los otros choferes además de manejar una mapegadaro se rebuscaban matando tigres como: “árbitros de boxeo”, “músicos de tasca”, “banqueros de caballo”, “preparadores de gallos de pelea” o “prestamistas”.

Y así iba yo vacunándome, cada domingo, aborreciendo de a poco esa manera altanera de ir por la vida restregándoles a todos su suerte, de portar el ego como estandarte, del ganar como sea, del bla bla bla…

Heme aquí ahora convertido en un pesimista empedernido. Un pesimista que se ríe de sus tropiezos y se ufana en silencio de su condición. Alguien que aprendió a conllevar ese estilo, incurable, perdido; que siempre le pone la fichita al débil, al que va en inferioridad de condiciones, al que se supone será el perdedor.

Un pesimista que evita en lo posible juntarse con otros pesimistas, porque dos o más pesimistas juntos son de lo peor.

Un pesimista que de tanto dar vueltas en una mapegadaro el mundo se le hizo pequeño. Un pesimista que se empeña en girar en sentido contrario a las agujas del reloj. Un pesimista que por mucho que corra siempre llega de segundo. Un pesimista que al final no quisiera tener la razón.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Somos minoría


¡Que extraño! No me extraña que no me extrañes; a veces a mí me extraña no extrañarte como antes te extrañaba.

Yo güardo -a la vista- en el clóset libros y tú escondes zapatos entre la ropa.

Una vez te quitaste los frenillos que llevabas desde hacía un lustro sin avisarme y me di cuenta a la semana de tú llegada y, tú me perdonaste. A ti que te acuerdas de todo, se te olvido eso. Yo que soy distraído y desmemoriado a veces lo recuerdo. ¡Perteneces y pertenezco a una extraña minoría!

Vienes de Venezuela y me traes como presente "liubiliana". Presiento que te lo voy a agradecer aún más cuando lo lea. Yo te regalo una nueva indiferencia respecto a que esta vez no me di cuenta de que te teñiste el cabello. Apelo a un pobre recurso como excusa: "mí ensimismamiento es la mayor garantía de mi fidelidad para contigo".

Siempre fuimos tan extraños...

martes, 18 de agosto de 2015

Suena ilógico


La lógica del gobierno: producir un barril de petróleo cuesta a pdvsa 15$ aunque el precio justo de un barril de petróleo debería estar en 80-100 dólares y no en los 40$ actuales. El precio justo de un kilo de “loquesea” está por debajo de lo que cuesta producirlo y eso no se negocia con quienes lo producen porque ellos solo buscan desestabilizar. (-) Nunca faltará quien grite que la gasolina se vende por debajo de lo que cuesta, pero es el mismo gobierno quien irresponsablemente ha creado esa distorsión.

La lógica de los medio de comunicación del “Estado”: titulan que hay manifestaciones justificadas en Ferguson y en Baltimore (USA) contra el racismo y los abusos de poder. En Venezuela ignoran las protestas o las satanizan porque con ello buscan desestabilización. (*) Nunca faltará quien grite que somos un dechado de libertad de expresión.

La lógica de un seguidor del gobierno: si son víctimas de un atraco, secuestro o pasan tan siquiera un susto en Amazonas, Lara o Miranda; es culpa de la Gobernación que no se ocupa de la seguridad ciudadana. Si alguien en el resto de los estados se queja o reclama al gobierno nacional por la inseguridad, lo señalan de desestabilizador. (+) Nunca faltará quien calle porque a él o a ella no le dieron una segunda oportunidad.

A tenor de todo lo anterior, esto suena ilógico: «Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal». No lo dije yo, ¡lo dijo Kant!

domingo, 16 de agosto de 2015

Carta al viento


¡A mundo primo!, me enteré la semana pasada de que no puedes venir este año tampoco. Sé lo mucho que extrañas este lugar. Aunque no te pierdes de mucho: aquí todo sigue igual… el Indio Manaure no ha bajado la mano, los chuchubes no se cansan de llorar…

Te escribo esta misiva desde la Plaza Bolívar, aunque siempre has dejado muy en claro que la Plaza Falcón te gusta más: el quiosco de periódicos a pata ´e mingo, el café en la esquina, las tertulias de los abuelitos en la madrugada, los vagabundos buscando alivio después de las seis. Yo dejé de ir por allá en solidaridad con Chirino que anda con el cuento ese de que se le apareció un duende. Dice que era enanito, que usaba una guayabera tipo Daiquiri, una boina como la de Tito Guerra y bailaba sin parar, ¡igualito al Chamo 14!, remata. La gente le dice: “Chirino, vos sos loco, ese no era ningún duende, era Pancho”; el mono del portugués de la panadería, que a veces se escapa a la plaza a hacer de las suyas. Pero, como no le gusta que le porfíen se molesta y les responde: “no se vuelvan Chirino, que aquí Chirino soy yo, si yo digo que lo vi es porqué lo vi”.

Por mi parte le sigo la corriente, ya se le pasará. Así fue hace tiempo cuando juraba que había visto un seretón por la calle de piedras y me hacía dar un vueltón porque le había cogido idea a la calle Zamora, ¡pobrecito! Está raro últimamente Chirino. A menudo murmura bajitico: “madre, esta noche se nos muere un año...”, así con la voz apagadita como si fuera Pepelupe. ¡Estamos en julio, Cheo!

Cheo, la mata de mamón está floreando, aunque la de ponsigué la tuvimos que cortar. Es como si ahora hiciera más calor que antes y el olor se concentraba más. Para cuando vengas te tengo guardada una botella de pecayero y también te espera una arepa pelá. Aquí estamos a la orden como siempre, preguntándole al que llega de visita: “¿cuándo llegaste y cuándo te vás?”